
Jennifer Ackerman describe así, en su último libro, el impacto profundo de uno de sus muchos encuentros con búhos.
La escritora estadounidense es autora de numerosos libros célebres que han sido traducidos en más de 20 idiomas, como «El Ingenio de los Pájaros» y «La Conducta de los Pájaros».
Su obra más reciente es la «La Sabiduría de los Búhos», «What an Owl Knows». (El término «owl» en inglés comprende tanto a búhos como lechuzas).
Ackerman nos invita a adentrarnos en el mundo de estas aves misteriosas y con habilidades extraordinarias que la ciencia aún intenta descifrar.
¿Cómo logran los búhos y lechuzas «ver» sonidos y «multiplicar» al transmitir señales? ¿Por qué, a diferencia de otras aves, sus ojos miran de frente?
¿Por qué son tan difíciles de estudiar (y algunos científicos usan perros para hacerlo)?
¿Y cuál es el impacto negativo sobre estas aves de los libros de Harry Potter?
Es conmovedor cómo describes en tu libro un encuentro con un búho que «parecía un mensajero de otro tiempo y lugar, como la luz de las estrellas».
¿Qué tienen los búhos y lechuzas que nos cautivan tanto?
El encuentro me hizo sentir una conexión profunda con una criatura salvaje tan extraña, tan llena de misterio, tan inescrutable y, sin embargo, también profundamente familiar.
Me recordó que soy parte de algo más grande, de un mundo natural preciado y que inspira reverencia. Eso es lo que el alma anhela (¡al menos mi alma!): esta profunda sensación de asombro, misterio y conexión con otras criaturas vivientes.
Creo que es una combinación de cosas lo que hace que estas aves sean tan poderosas. Nos vemos en ellas, con sus cabezas redondas y grandes ojos mirando de frente.
Algunas especies son adorables, parecen bebés. Pero también son muy diferentes de nosotros y de otras aves. Son criaturas de la noche, magníficamente adaptadas al mundo de la oscuridad, silenciosas en su vuelo, feroces en su caza.
Es todo este paquete de lindo y brutal, familiar y extraño, lo que hace que estas aves sean tan emocionantes y, a veces, tan inquietantes.
¿Por qué son tan difíciles de estudiar?
Los búhos son crípticos y sigilosos, y están bien camuflados. A menudo viven en zonas remotas de difícil acceso.
Están activos por la noche, cuando resulta complicado estudiarlos.
En las últimas décadas los investigadores han encontrado formas inteligentes de utilizar nuevas tecnologías.
Por ejemplo, drones para explorar hábitats remotos, cámaras infrarrojas para ver qué hacen durante la noche, cámaras en nidos y monitoreo por video para ver las interacciones de padres y crías, y etiquetas de señales de radio y satélite para descifrar sus movimientos sobre distancias cortas y largas.

Cuéntanos sobre Max y Zorro, dos perros que están ayudando a los científicos a estudiar búhos…
Los investigadores hallaron una forma asombrosa y de baja tecnología de rastrear búhos difíciles de encontrar.
Utilizan el poder olfativo de los perros para localizar especies de búhos en áreas remotas como Tasmania, en Australia, y el noroeste del Pacífico de Estados Unidos.
Estos perros «rastreadores» están entrenados para localizar los bolos que los búhos expulsan por la boca después de comer: trozos de piel y huesos no digeridos que los búhos regurgitan y lanzan al suelo debajo de sus refugios y nidos.
Estos bolos regurgitados emiten olores que los perros pueden olfatear.
En Australia, el Grupo de Investigación de Aves Difíciles está localizando a la esquiva lechuza enmascarada de Tasmania (Tyto novaehollandiae castanops) con la ayuda de un perro llamado Zorro.
En EE.UU. se han utilizado perros como Max para encontrar búhos moteados (Strix occidentalis caurina).

En el libro describes la increíble habilidad de los búhos para atrapar presas. Y relatas, por ejemplo, que el gran búho gris de América del Norte encuentra presas que están debajo de la nieve.
¿Cómo lo hace?
Cuando un búho caza a su presa utiliza no sólo su aguda visión, sino también una herramienta sensorial aún más aguda: su oído.
El gran búho gris puede detectar un campañol (pequeño roedor) que está excavando un túnel a medio metro bajo la nieve.
Los búhos que cazan de oído, como el gran búho gris, tienen cabezas diseñadas para escuchar.
Tienen un «disco facial» plano que actúa como una especie de antena parabólica emplumada para recoger el sonido y canalizarlo hacia los oídos. Sus órganos auditivos en el cerebro son muy largos y super sensibles.
¿Cómo logran los búhos «ver sonidos»?
Los científicos descubrieron que parte del nervio auditivo del cerebro de un búho va al centro visual.
De esa forma los búhos pueden obtener una imagen visual de lo que oyen. Es algo realmente asombroso.

¿Podrías explicar el descubrimiento del científico uruguayo José Luis Peña, que estudia el cerebro de los búhos en el Albert Einstein College of Medicine en Nueva York?
Peña y sus colegas descubrieron que cuando un búho se concentra en su presa, el sistema de localización de sonidos en su cerebro (las neuronas auditivas) realizan operaciones matemáticas avanzadas cuando transmiten sus señales: agregan y multiplican las señales entrantes y las actualizan a medida que hay más información disponible.
Todo esto sucede en menos de un abrir y cerrar de ojos y ayuda al búho a localizar a su presa.
¡Notable, en verdad!
Nos hablabas del vuelo sigiloso de estas aves. ¿Qué adaptaciones hacen esto posible?
Los búhos pueden volar silenciosamente en parte porque sus alas son grandes en relación con sus cuerpos, por lo que planean y vuelan lentamente.
Pero también por el diseño ingenioso de sus alas y plumas, que amortiguan el sonido.
Sus alas tienen una hilera de finas cerdas parecidas a pelos que se extienden hacia adelante a lo largo del borde del ala donde ésta se encuentra con el aire que se aproxima.
Cuando el flujo de aire golpea ese peine, los bordes dentados rompen la turbulencia, suprimiendo efectivamente cualquier sonido que harían en vuelo.
En segundo lugar, hay flecos en la parte trasera del ala que cumplen una función similar.
Y finalmente hay una suave capa aterciopelada que recubre las plumas de toda el ala, silenciando cualquier ruido de roce que puedan hacer las plumas.






